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OPINION INTERNACIONAL
La educación debe combatir los conceptos del mercado, no asumirlos
 
Por: Manuel Moncada Fonseca
 
¿Cabe la competitividad en una educación emancipadora?
Es alarmante cómo el pensamiento neoliberal se cuela con suma facilidad en el medio educativo, particularmente en el del nivel superior. Pero no sólo ahí, porque igual ocurre entre las fuerzas de izquierda a escala internacional. No queremos ir tan lejos en la ilustración de este fenómeno pernicioso. Nos centraremos, pues, en un concepto que, hasta la fecha, se ha asumido con mucho encanto y hasta, aparentemente, con mucha convicción, aún de parte de determinadas fuerzas que luchan por hacer de este mundo un hogar del que toda la humanidad y todas las personas que la conforman, sin excepción, puedan disfrutar, en plena armonía con la naturaleza. Hablamos de la competitividad y sus derivados: el profesional competitivo, el académico competitivo y, peor aún, el educador competitivo. El colmo es que haya revolucionarios deseosos de pertenecer a este campo…
 
Y pese a la invasión ideológica que el neoliberalismo nos impone, usando incluso a los nuestros para promover sus conceptos y adoptar sus nefastas prácticas, no pocos de los que sirven de vectores para ello, siguiendo al enemigo de clase de la humanidad oprimida, intervenida, engañada y saqueada, hablan de neutralidad, apoliticidad, desideologización; en aras, sostienen, de privilegiar la ciencia, la tecnología y la técnica. No siempre, claro está, esto se expresa de forma tan explícita; por lo regular, es más bien el corolario inevitable de la forma reduccionista con que conciben el mundo profesional, el académico y el conocimiento científico, al desvincularlos de las profundas contradicciones en que, casi por doquier, se desenvuelve la sociedad humana.
 
El neoliberalismo a todo le imprime un sentido utilitarista, pragmático y competitivo; hace pasar a la competencia de medio a fin en sí mismo. Por ello, lo que no se ajuste a estos parámetros de “calidad”, es desechado, excluido y marginado, se trate de procesos, cosas o personas. Pero a partir de esta visión de la realidad -que adoptan en mayor o menor medida no pocos educadores y hasta elementos de izquierda-, por más que se pregone lo contrario, la ética, la justicia y la igualdad, se vuelven asuntos meramente formales, sin mayor trascendencia, aunque todo esto aparezca en un sinnúmero de planes y formatos de diversa índole.
 
Preguntémonos entonces:
 
¿Cómo educar con sentido emancipador, o al menos progresista, si por encima de la solidaridad entre los hombres, pueblos y naciones y de la necesaria complementariedad en el intercambio entre los países, regiones y continentes, tal como lo plantea y practica el ALBA [1], se coloca en primer plano ¡qué coincidencia! la competitividad, justamente, aquello que asumen como elemento primordial del mundo capitalista, sus ideólogos, sus mercados y sus instituciones en general?
 
¿Se puede ciertamente comprender este concepto de un modo distinto de lo que entienden por tal y practican empresarios, transnacionales, el imperio -que defiende sus intereses contra todo lo que los amenace en mayor o menor grado- y sus adeptos abiertos o solapados?
 
¿No es acaso la prédica más efectiva del individualismo, como valor entre valores de la civilización occidental, lo que se esconde detrás del concepto competitividad?
 
¿Pueden los hombres, naciones, regiones y continentes, en una palabra, la humanidad en su conjunto, adoptar este valor que, alimentando el individualismo a ultranza, sólo genera y puede generar división, discordia y antagonismo entre los mismos?
 
¿Se pueden cifrar esperanzas en que la competitividad conduzca a las naciones a integrarse solidaria y complementariamente como estrategia de principio para alcanzar un desarrollo armónico y proporcional entre las mismas?
 
¿Se puede esperar acaso que la copia de conceptos del capitalismo permita alcanzar el desarrollo integral de las naciones?
 
¿Es que el capitalismo ha logrado o puede lograr un desarrollo integral que beneficie a toda la humanidad? ¿No ha dado muestras fehacientes de todo lo contrario?
 
¿Se puede soñar con una definición de competitividad sustancialmente distinta de la que, desde siempre, trasnacionales, mercados globales, empresas y empresarios lanzan al ruedo y ponen en práctica?
 
De poderse, se puede. Pero con ello no se llega a parte alguna, porque la comprensión aplastantemente dominante del concepto en cuestión no es la que ingenuamente se tenga o se pueda tener desde la izquierda, la profesión o la academia progresistas, sino la que ha impuesto la esclavitud asalariada.
 
La “supervivencia del más competitivo”
 
¿Puede sorprendernos que un usuario de la red preguntara “¿Qué es ciudadano competitivo?” y que la mejor repuesta elegida por el mismo fuera ésta?:
 
“Pues generalmente se llama así al empleado que no duda en traicionar a sus compañeros en beneficio suyo o de empresa o lugar donde presta sus servicios, principalmente "yupis" sin escrúpulos al servicio del capital, es decir "una joya" que no te puedes fiar de él porque los empresarios lo quieren así y los utilizan con el nombre de "competitivo" para que muerdan el anzuelo y luego no sientan remordimientos ¡¡¡una pena!!!, no tiene amigos, solo los que les interesa por razones de ganar y subir, venden y sacrifican la amistad y hasta su familia con el fin de hacer a la empresa más grande y ellos más "importantes”. ESTO ES EL INDIVIDUO COMPETITIVO DE HOY EN DÍA CREADO POR LAS EMPRESAS ahora tú ELIGE”. [2]
 
Pero si el planteo arriba hecho puede objetarse a partir de su condición no académica y de los prejuicios que asoman siempre en estos casos, conozcamos la opinión que, al respecto del término en cuestión, acota una persona que sí la tiene, se trata de Joel Sangronis Padrón, profesor de la Universidad Nacional Experimental Rafael Maria Baralt (UNERMB) de Venezuela. Conozcamos su posición al respecto [3]:
 
Una de las grandes trampas en que está inmerso el ser humano desde su mismo nacimiento, escribe, es la competitividad y la acumulación tanto de cosas como de logros materiales como único modo de alcanzar la felicidad y la plena realización personal. Familia, escuela, juegos, medios de comunicación, normas sociales y metas que el neoliberalismo impone, empujan a las personas a una carrera interminable por poseer, acumular, competir y sobresalir a todo lo largo de su existencia. Todo porque se llama a “ignorar el placer de hacer los cosas por el simple gusto de realizarlas”. En la misma línea, valores como la solidaridad y la cooperación se consideran y etiquetan como obstáculos que estorban o impiden ser “alguien”, porque no importan para nada los medios utilizados para lograrlo. De esta suerte, el corolario predominante del individualismo y la competitividad es generar a costa de muchos, un sólo triunfador. La existencia se vuelve así una carrera destinada a la adquisición de cosas; a tener más que los hermanos, amigos, compañeros de trabajo o estudio, vecinos. Por ende, a los otros y otras se les estima rivales, reales o potenciales, competidores que deben ser superados.
 
Para el sistema imperante, pobreza, miseria y exclusión son problemas éticos, atribuibles a cada individuo, sin referencia alguna a las condiciones materiales de existencia ni a las relaciones sociales de producción. “La sombra del darwinismo social subyace -escribe- en este tipo de interpretaciones. Sólo haría falta modificar el término "supervivencia del más apto" por el término ´supervivencia del más competitivo´". Y prosigue: “buena parte del cuerpo docente de nuestras academias, hipnotizado y cretinizado por la prédica neoliberal, insiste en levantar las banderas de la competitividad y el productivismo como panaceas al subdesarrollo”.
 
Ante todo esto, concluye que la tarea del educador consiste en “desacreditar el mito de la competitividad”, tarea harto difícil por cuanto implica enfrentarse a “una de las columnas donde se asienta el actual modelo civilizacional, pero que debe ser asumida cuanto antes por todos los que creemos y luchamos por una sociedad y un mundo distintos.”
 
A propósito del darwinismo social, José Luis Orozco -experto en temas relativos a la globalización y a la política exterior de Estados Unidos-, sostiene que se trata de la concepción del mundo y del "punto de sustentación de toda una cultura política y económica", a través de la cual se opera la naturalización y socialización de la dogmática empresarial capitalista en la ciencia, la filosofía, el sentido común, la religión y el folklore. Así, puede verse, leemos en el artículo que lo cita, que “la cultura organizacional ha venido adquiriendo un conjunto de valores tales como: excelencia, liderazgo, calidad, eficacia, etc., que aunque originalmente propios de las actividades productivas y su reingeniería, van ocupando cada vez mayores espacios en el sistema social.” [4] Como puede apreciarse, son justamente los conceptos que, a diestra y siniestra, mucho gustan utilizar las instituciones de educación superior, aún aquéllas que poseen una orientación progresista.
 
En medio de una gran cantidad de viejos males que se han exacerbado y multiplicado como nunca, y de muchos otros que siendo de más reciente origen son tanto o más graves que los primeros, una muestra clara de las terribles repercusiones sociales que tiene la competencia exacerbada que la globalización neoliberal promueve son los reality show, que clasificando a los participantes en “exitosos” y “descartables” e hiriendo brutalmente la autoestima de los segundos, han empujado al suicidio a un número cada vez mayor de ellos. Se habla, por ejemplo, de Paula Goodspeed, una concursante mentalmente frágil que siendo “cruelmente rechazada por Simon Cowell en American Idol”, se suicidó “en un auto estacionado frente a la casa en Los Ángeles de Paula Abdul, también jurado del programa.” [5]
 
En Japón, entre las causas señaladas como generadoras de que esta nación detente el “liderazgo” mundial en el número de suicidios, se afirma que ello, en el caso de los jóvenes, “suele venir después de suspender algún examen muy importante, normalmente el examen que se hace antes de entrar en la universidad”, “siempre sucede cuando no se consigue lo que cada uno debería haber hecho.” A renglón seguido se lee: “Toda esta explicación se podría resumir en el concepto de “presión social” con el que se suele describir la situación en Japón.” [6]
 
En un plano diametralmente opuesto, como demuestra un estudio presentado el 4 de julio del presente año por la New Economics Foundation (NEF) [7], con sede en Londres, mismo que se basó en datos de 143 países que representan el 99 por ciento de la población mundial, la situación de un país que no se somete a las reglas de las transnacionales y donde el estado busca siempre satisfacer las necesidades más sentidas de la población, conduce a que ésta alcance mayores niveles de felicidad. Los parámetros a los que el estudio recurre son los que siguen: “la esperanza de vida, la satisfacción vital que expresan los ciudadanos de cada país y la huella ecológica que dejan para obtener el nivel de vida que consideran necesario para ser felices.”
 
No por casualidad, entre los países que han alcanzado mejor situación en este plano, se encuentra Cuba que ocupa el puesto número 7, mientras EEUU se encuentra muy lejos, en el puesto 114.
 
“El estudio pretende dar base científica a una muy antigua sospecha: “el dinero no trae la felicidad”, menos aún si está desigualmente repartido.”
 
El gusto por la competencia versus la lucha contra los instintos
 
Y aunque el gusto por la competencia, como arguye un amante de la competitividad (a la que estima un arte), sea parte de la naturaleza del hombre, éste no debe rendirle pleitesía a sus inclinaciones egoístas debiendo, por el contrario, luchar contra ellas. Con todo, este admirador del capital, confiesa que la falta de confianza entre las personas es un efecto (solo que colateral, según su entender) de la competencia. Admite, además, algo importante, a saber, que las empresas son los ambientes donde mejor se manifiesta ese gusto, para nosotros nefasto. Y señala esto que no debe pasar desapercibido:
 
“En la práctica las empresas valorizan el trabajo en equipo, pero acaban privilegiando la performance individual a la hora de dar un aumento o ascender a alguien. Eso acaba comprometiendo no solo el relacionamiento del equipo, pero también confundiendo amistades que puedan haber surgido en el trabajo.” [8]
 
Nosotros, lejos de ver en la falta de confianza entre las personas como algo accidental, somos de la convicción de que ello constituye un rasgo distintivo e inevitable de la competencia y, con mucha mayor razón, de la competitividad.
 
Al respecto de la necesidad de hacerle frente a los instintos, Fidel Castro escribe:
 
"Leer es una coraza contra todo tipo de manipulación. Moviliza las conciencias, nuestro principal instrumento de lucha frente al poder devastador de las armas modernas que posee el imperio; desarrolla la mente y fortalece la inteligencia […]; estimula el sentido crítico y es un antídoto contra los instintos egoístas del ser humano.” [9]
 
Y en otra de sus reflexiones, el líder de la revolución cubana, acota:
 
“Pareciera que la naturaleza determinó la evolución de los seres humanos para ser capaces, desde muy temprana edad, de hacer que la conciencia prevalezca sobre los instintos...”. [10]
 
Confusión de la calidad con la competitividad
 
José Luis García Garrido [11], otro autor consultado, criticando el espíritu competitivo que se inculca en el sistema educativo, pese a que formalmente en el se predica lo contrario, señala que la manera de funcionar de las escuelas condiciona que el éxito escolar de unos cuantos sólo se haga posible gracias al fracaso escolar de otros. Se llega al absurdo, continúa, de transformar la educación en un instrumento de desigualdad, que satisface a unos y genera sinsabores en otros. Y lejos de fomentar la unión entre las personas, produce divisiones, envidias y recelos entre ellas.
 
Moacir Gadotti [12], profesor titular de la Universidad de Sao Paulo y director del Instituto Paulo Freire, por su lado, exponiendo el pensamiento educativo de este filósofo, humanista y pedagogo brasileño, pone en claro que los neoliberales confunden calidad con competitividad. No asombra que, a partir de ello, nieguen la solidaridad como necesidad, cuando, en verdad, las personas no se vuelven competentes por ser competitivas, “sino porque saben enfrentar sus problemas cotidianos junto con los demás problemas y no de manera individual”. En la misma tónica apuntada, acusa que los neoliberales conciben al ciudadano sólo como cliente, como consumidor, llamado a usar su libertad para escoger entre diferentes productos; a conocer el “ranking” de las “mejores” escuelas para igualmente escoger alguna; esto es todo lo que él necesita. La emancipación no conforma así parte de sus metas. A partir del examen de estas y otras aberraciones en la educación, el autor no en vano lanza el reto de construir una educación que no reproduzca la de los colonizadores, de viejo y nuevo cuño, agregamos nosotros.
 
Más adelante, el mismo autor apunta que la educación no debe seguir el paradigma de la empresa capitalista que pone el énfasis en la eficiencia e ignora al ser humano, al que sólo contempla como simple agente económico, como “factor humano”. Y mientras el acto pedagógico es por naturaleza democrático, el acto empresarial implica la lógica del control.
 
El neoliberalismo: ideología de la competitividad
 
Por su parte, Enrique Fernández [13] establece esta precisión: el neoliberalismo es la ideología de la competitividad, porque en el la competencia “ha dejado de ser un medio para convertirse en un fin”, adquiriendo “la categoría de credo universal, el rango de ideología […] dotada de un devastador sentido de confrontación y aniquilación de los rivales. Constituye más que un instrumento, ascendida ya al santuario de lo incuestionable.”
 
Para Silvio Alexis Novoa [14], el neoliberalismo habiendo globalizado la búsqueda de la competitividad como criterio por excelencia de valoración de personas y cosas, y convirtiendo la eficiencia y la “racionalidad en los valores supremos” […] da lugar a efectos irracionales que anulan la participación de los sujetos en la búsqueda de alternativas. Le impide incluso verlas´”. Y citando a Franz Hinkelammert, plantea que para el neoliberalismo “Una cultura humana que no produce competitividad tiene que desaparecer. Niños que previsiblemente no podrán hacer un trabajo competitivo no deben nacer.”
 
Finalmente, digamos que, a criterio de los autores Jorge Torres y Julio Torres Santomé [15], entre las formas en que se expresa la mercantilización de la educación están la descentralización que, en parte, encierra la colegialidad competitiva, y el favorecimiento del credencialismo y de la excelencia competitiva.
 
El “II Taller de Educación para el ALBA” y su crítica al utillaje conceptual en boga
 
Del 24 al 26 de junio del presente año, se efectuó en Managua el “II Taller de Educación para el ALBA”. En este evento se externaron serios cuestionamientos al uso de conceptos que, provenientes del mundo colonial, del mercado y del mundo capitalista, se han usado y se usan amplia y acríticamente, como hemos expuesto en este escrito, no sólo en el sector profesional y en el ámbito académico, sino también entre las fuerzas de la izquierda revolucionaria internacional.
 
Así las cosas, se reprobaron conceptos como “democracia” a secas, que aparece en la Grecia esclavista para hacer referencia al poder de los ciudadanos que forzosamente pertenecían a la clase dominante; “América”, “América Latina”, de cuño colonial y neocolonial; “competitividad”, término que hemos examinado arriba. Se sometió a crítica asimismo el concepto “emprendedurismo”, a nuestro entender, destinado, si partimos de quiénes son sus promotores, tanto a publicitar el mundo empresarial, con todo lo que ello encierra, como a librar al estado de la responsabilidad de asumir la generación de empleo, aunque externamente aparezca como el despliegue de iniciativas individuales y colectivas para su consecución. Ello no niega que haya personas que luchan buenamente por generar, desde sus posibilidades reales, empleo para sí y para otros que lo requieran.
 
El mismo concepto ‘’calidad” fue visto con sospecha y, a tono con ello, se habló de sustituirlo por otro que venga de los procesos de emancipación que se están desenvolviendo en el mundo, pero particularmente en el Hemisferio Occidental. Sin embargo, en este caso, sonó la sólida argumentación de una asistente a favor de su uso, explicando claramente lo que con él se designa en Cuba, su país, y demostrando que, en la isla, no guarda relación alguna con lo que el mismo concepto encierra para el mundo occidental. En todo caso, conviene considerar que Pablo Freire, no en vano postuló el concepto “nueva calidad”. [16]
 
Llamó poderosamente la atención que un asistente al evento llamara “tiranía” a la UNESCO, organismo de la ONU que comúnmente se ha estimado progresista. Pero ¿no ha sido ella una instancia internacional que se ha desenvuelto siguiendo subrepticiamente un libreto imperial para enajenar al mundo en el ámbito de la ideología? ¿No ha sido la principal promotora de esos términos que hoy ponemos en entredicho por ser expresiones del coloniaje conceptual que se impone a través suyo a la educación en todo el globo?
 
En Universidad 2008, celebrada en la Habana en febrero de ese año, fuimos testigos presenciales de cómo una alta funcionaria de la UNESCO sostuvo con énfasis que la competitividad constituye uno de los paradigmas más relevantes de los educadores del presente.
 
No está demás señalar que, en marzo de 2004, dicha entidad otorgó el Premio Mundial de “Libertad de Prensa” a un periodista cubano que estaba cumpliendo condena penal por servir como mercenario a una potencia extranjera, lo que provocó la protesta del ministerio de relaciones exteriores de Cuba. [17]
 
A partir del cuestionamiento a conceptos ajenos a los pueblos, a la educación y sobre todo a los procesos de liberación que hoy se desarrollan sobre todo en Nuestra América, en el taller se planteó y se adoptó la idea de someter a un examen riguroso el utillaje conceptual al que se recurre en distintos ámbitos de la vida social en general para, sobre esa base, decidir qué conceptos desechar o combatir; cuáles lanzar al ruedo en su sustitución y con cuáles seguir operando, una vez se les redefina desde una perspectiva liberadora.
 
En definitiva, los pueblos de Nuestra América, los países del ALBA, los profesionales y universidades comprometidas con sus pueblos y el conjunto de fuerzas que bregan porque nuestra región alcance su segunda y definitiva independencia, debemos librar batallas decisivas en todos los terrenos, incluyendo el plano de las ideas que adquiere una gran relevancia para contrarrestar la influencia ideológica que el neoliberalismo ejerce sobre muchas personas. Mas, no podemos emanciparnos de ningún modo si caemos en el perverso entramado conceptual del imperio, sus transnacionales y sus mercados globalizados. A los conceptos del neoliberalismo debemos entonces oponerle los nuestros, aquellos que estén en concordancia plena con las aspiraciones, deseos e intereses de nuestros pueblos. Pero el reto señalado, no es sólo una incumbencia de nuestra región, lo es también en igual grado de todos los pueblos, del Norte o del Sur, que aspiren a librar a la humanidad de la peor de las pandemias que jamás haya existido sobre el planeta: la de la civilización capitalista.
 
Notas:
 
1. Acuerdo de Seguridad y Soberanía Alimentaria de los países miembros de PETROCARIBE y EL ALBAALBA ALIMENTOS. Caracas, 02 de Febrero de 2009. (ver)

2. ¿Qué es ciudadano competitivo?
(ver)

3. Joel Sangronis Padrón. “Desacreditar el mito de la competitividad”
.(ver)

4 El deporte del superhombre. —Una aproximación al darwinismo social y algunas de sus tendencias culturales—.
(ver)
 
5. Guy Adams. “El reality en el banquillo: crece el número de suicidas entre participantes de realities”. (ver)

6. Por Kirai. 02 de November de 2004.
(ver)

7. Pascual Serrano. “Un estudio londinense muestra a los cubanos mucho más felices que los estadounidenses”
. (ver)

8. Fernando Vigorena Pérez. “El arte de ser competitivo”.
(ver)

9. Fidel Castro Ruz. “Muchas Felicidades, tu amigo Fidel”. (Mensaje de Fidel a Oscar Niemeyer, a propósito del libro que publicaría el gran arquitecto brasileño con el título El ser y la vida. Nota de Cubadebate.
(ver)

10. Destaca Fidel Castro resultados de congreso estudiantil.
(ver)

11. José Luis García Garrido. “Problemas mundiales de la educación”.
(ver)

12. Moacir Gadotti. La escuela y el maestro. Moacir Gadotti. La escuela y el maestro. Ediciones Río Orituco, C.A. Caracas República Bolivariana de Venezuela. Septiembre de 2008. pp. 46, 53, 55-56, 86, 88.
(ver)
13. Enrique Fernández M. “Reflexiones acerca del Neoliberalismo”. (ver)
 
14. Silvio Alexis Novoa. “El concepto de enajenación. Teoría e historia ”.(ver)





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