Cuando un amigo se va
In Memorian a Adrián "Antena" González
Por Marcelo Aguilar
Con dolor y profundo pesar reaccionamos quienes tuvimos la dicha de conocer a Adrián Enrique González, quien partió de este mundo en la vecina ciudad de Iquique.
Su largo peregrinar, con su pluma en ristre, lo llevó a escribir en el Diario 21 por tres años, pero añorando muchos sueños, que compartió con múltiples personas, y no pocos amigos.
Desde la ciudad de Viña del Mar, llegó este hijo de San Viator, que logró inmediatamente identificarse con Arica, con su particular estilo, ganándose un espacio en la prensa local, en radio, televisión y también en organismos públicos.
Fue el primero en lograr dar un sabor especial a las tertulias periodísticas en la televisión local, constituyéndose en la voz de Telenorte, medio al que entregó gran parte de su vida, dejando un legado de enseñanza y un número indeterminado de discípulos que hoy le agradecen desde el corazón.
"Antena" tenía una capacidad innata de orador. Era capaz de elaborar un texto de alguna información de último momento, y leerla ante la cámara como si la hubiese escrito en un papel.
De olfato infalible, daba en el clavo frente a quien demostraba condiciones como reportero, camarógrafo, productor, hasta orientarlo y dejarlo a las puertas de una labor que hoy a muchos ha significado una oportunidad laboral y un estilo de vida.
A aquel emprendedor por Arica, a quien tuviera las mejores ideas para sacarla de su postración, lo dejaba con un título honorario: "Joven Empresari".
Para que decir de su amor y solidaridad por los más pobres, aunque estuviera sin ni un peso en el bolsillo, con su sonrisa bonachona y voz cálida, entregaba toda una riqueza y hacia afortunado a quienes le rodearan.
La Iglesia Católica fue uno de sus motores y parte de su entrega diaria, su compromiso "de colores" por la chinita Rosario de las Peñas, fue a toda prueba. Su entusiasmo obligaba a corroborar lo que con su voz pintaba en sus Reportajes del Norte.
Cuantos de nosotros, como viandantes (peregrinos), llegamos hasta el santuario, contagiados por ese entusiasmo contagiante, y comprobamos la magia y bondad de la madre de los ariqueños, allá, en lo alto de Azapa.
Pese a su impedimento físico, se dio el lujo de jugar fútbol, demostrando su actitud por derrotar aquellos obstáculos, que para otros son signos de abatimiento.
Fue un gran promotor de ideas, en especial a nivel de los servidores públicos, que hoy imaginamos que harán un espacio para atesorar lo que él sabiamente les aconsejó, a ex parlamentarios, ex alcaldes, ex concejales, ex directores regionales, ex intendentes, ex gobernadores, ex ministros y ex mandatarios. Para que decir de las actuales autoridades que ocupan similares cargos.
Su legado no se detiene, más aún en quienes fueron compañeros de trabajo en la Municipalidad de Arica, quienes desde los diversos cargos, le vieron y compartieron en innumerables ocasiones.
Nunca dijo estar abatido, pese a que el trabajo lo abandonó en más de alguna ocasión, conciente de sus limitantes y tentaciones, luchó hasta el final, y hoy lo vemos aparecer en las páginas de un diario de Iquique, en donde se valora lo que el "Antena" González les ha aportado. ¡Que irónico! allá lo ponderan, acá lo dejamos ir sin aquilatar lo que nos entregó en muchos años.
No obstante, estas líneas permitan atenuar su tristeza que llevó en el alma, que nunca dio a conocer y que a lo mejor nos confiara cuando nos corresponda el turno de partir y llegar a su lado.
Hasta siempre estimado Adrián, hasta siempre "Antenita".